La educación forma parte esencial de la vida de cualquier ser humano. No nos referimos únicamente a la absorción de conocimiento útiles y fundamentales para el desarrollo personal y profesional, sino a la formación del carácter y a la adquisición de habilidades que determinarán al adulto.

Y como todos sabemos, la familia no es la única referencia. Los profesores también influyen en la vida de los niños. Algunos más y otro menos, pero todos forman parte de un momento especial en la infancia y adolescencia, y la mayoría de ellos, con trabajo y esfuerzo, consiguen transmitirnos algo más que conocimientos sobre el mundo que nos rodea.

[mls_mark]Todos tenemos un profesor que marcó nuestra etapa escolar[/mls_mark]

Los maestros, en la educación primaria, y los profesores, en el instituto, tienen como principal misión llenar nuestras cabezas con todo tipo de sapiencias, desde matemáticas, pasando por ciencias y terminando por literatura e historia.

Pero con su buen hacer en la docencia también nos ayudaron a desarrollar nuestro lado creativo, a explotar al máximo nuestra imaginación, a superar nuestras metas y proponernos nuevos objetivos. Ellos representan la figura de la disciplina, pero también han sido nuestros amigos, con los que hemos compartido inquietudes y acontecimientos fuera de clase, y con los que hemos cantado en excursiones escolares. Incluso aquellos que fueron duros y inflexibles con nosotros han ayudado, en cierta manera, a construir nuestra futura personalidad.

Los profesores tiene, por tanto, una gran responsabilidad. Por ello, ser profesor tiene que ser algo más que una vocación, más que la pasión por la enseñanza. Como en todas las profesionales, ser un buen profesional marca la diferencia, y en el mundo de la docencia, los buenos profesores se distinguen por la huella que dejan en sus alumnos con el paso de los años.

[mls_mark]César Bona, considerado el mejor profesor español[/mls_mark]

Algunos habremos tenido la suerte de contar con profesores que han optado por ejercer una docencia innovadora y aprovechan sus horas de clase para nutrir al alumnado en habilidades emprendedoras, como el impulso del talento, la autocrítica y la importancia de mantenernos curiosos e ilusionados.

Todos los profesores deberían ser como César Bona. Este docente de primaria, candidato español al Premio Nobel de Educación quedando entre los cincuenta primeros finalistas, también da su propia visión, desde la experiencia personal, de los requisitos que debe cumplir el maestro perfecto.

Profesores del mundo, cada vez que entréis en clase para atender a vuestros alumnos y transmitirles, un día más, vuestros conocimientos, sed conscientes de que formáis una parte muy especial de sus vidas y asumid tal honor, para convertirlos en las grandes personas que serán el día de mañana.