La necesidad de promover la creatividad en las aulas ha irrumpido con fuerza dentro del sistema educativo en los últimos años. Prueba de ello es que ésta aparece recogida como finalidad educativa dentro del marco de principios generales de la educación primaria en la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), cuya implantación en algunas etapas educativas comenzó el pasado curso escolar.

Partiendo de esto, la pregunta que debemos plantearnos es la siguiente: ¿qué entendemos por creatividad? Cuando se acercan las vacaciones de cualquier época festiva, fotos y vídeos de todo tipo empiezan a invadir las redes sociales: desde proyectos artísticos de corte musical a un sinfín de manualidades que se llevan a cabo en las escuelas por parte de niños y niñas. No hay más que pisar un centro escolar el día previo al comienzo de las vacaciones navideñas, de Carnavales o de Semana Santa: murales temáticos recién pintados adornando las aulas y actuaciones musicales o teatrales en los salones de actos inundan los coles de todo el país. Son momentos especiales para los más pequeños, que se divierten y aprenden mientras desarrollan sus instintos creativos.

Pero esta clase de eventos se llevan a cabo en momentos puntuales, y la creatividad, una habilidad fundamental en la mentalidad emprendedora, debería ser fomentada a diario.

[mls_mark]Creatividad y currículum pueden ir de la mano[/mls_mark]

Los profesores se esconden tras la excusa de que el tiempo empleado en unidades didácticas tan creativas como las mencionadas anteriormente (pintar murales, realizar manualidades) resta tiempo que debería dedicarse al cumplimiento del extenso marco curricular del curso. Los contenidos, objetivos y competencias determinadas por el sistema educativo (entendiéndose como currículum educativo) parecen perjudicar el trabajo creativo… Pero, ¿y si trabajamos el currículum de forma creativa?

Las matemáticas no solo se aprenden mediante procedimientos numéricos y sistemáticos en los que el alumnado tiene que copiar en su libreta cuadrícula una serie de operaciones. ¿Por qué ceñirse a los rígidos libros de texto cuando podemos aprender de una forma mucha más dinámica y divertida? Por ejemplo, mediante un cuento motor o con la ayuda de un juego de mesa, invitándoles a plantearse ellos mismos el número de personajes de cada zona del cuento, las casillas a mover en un juego o los puntos a sumar o restar. ¿Y por qué no aprender también sobre las plantas con una pequeña excursión? Visitar museos y ver películas también son fórmulas acertadas con las que aprender historia de una forma más cercana e interesante que estudiándola en un libro de texto.

La creatividad es una herramienta que debemos ayudar a desarrollar en nuestros niños, que va más allá de habilidades artísticas o momentos de diversión. No debemos menospreciar su poder, sino luchar por darle cabida e incluirla en la base de nuestro sistema. En nuestra mano está que los jóvenes desarrollen al máximo su creatividad, que disfruten con proyectos emprendedores que rompan con los moldes prescritos.

 

[mls_h5]Fotografía de Quinn Dombrowski bajo licencia CC BY-SA 2.0[/mls_h5]