Todos recordamos haber crecido de la mano de las historias tradicionales de Perrault, los hermanos Grimm o Andersen. Cuentos como Hansel y Gretel, Caperucita Roja, La Cenicienta o El patito feo, entre muchos otros, pasan a formar parte del imaginario infantil desde que somos pequeños.

Estas historias de toda la vida han sido símbolos de nuestra infancia. Nos han ayudado a crecer con ilusión y a desarrollar la imaginación. Los cuentos clásicos son transmitidos de generación en generación, a través de las dos vías más importantes para la educación: el hogar y la escuela. Pero a pesar del cariño con el que podamos recordarlas, no podemos obviar el hecho de que su origen se remonta varios siglos atrás, a épocas con unos valores que poco tienen que ver con aquellos presentes en nuestra sociedad actual.

En estos cuentos aparecen valores desgastados por el paso del tiempo que, de una forma u otra, les inculcamos a los niños y niñas a través de su narración. Muchos de estos valores no representan su realidad más inmediata, pues pertenecen a otra generación y crecerán en una sociedad diferente. Por eso, además de contarles estas historias míticas, tenemos que ofrecerles cuentos y versiones más modernas, protagonistas más reales que rompan con los arquetipos preestablecidos en la literatura tradicional.

[mls_mark]Cuentos más actuales, más reales[/mls_mark]

En contraposición a los cánones presentados en la literatura popular, deberíamos fomentar la lectura de cuentos contemporáneos, que actualmente parecen estar en auge en el mundo editorial. Por ejemplo, en estas nuevas historias es cada vez más frecuente la caracterización de personajes femeninos fuertes e independientes, que distan bastante de las mujeres presentes en los cuentos tradicionales. Algunas de las heroínas más famosas en la literatura infantil y juvenil son Kika Superbruja y Molly Moon, cuyas aventuras divierten a pequeños y mayores por igual.

Lo mismo sucede con la diversidad familiar, que contrasta con el arquetipo de familia nuclear que dominaba en los cuentos más antiguos. Temas como la adopción, la monoparentalidad, los divorcios y la separación entre los padres se incluyen en las historias, algo que hasta hace poco más de dos décadas parecía impensable.

Los tiempos cambian y, con ellos, las historias. No se trata, ni mucho de menos, de eliminar el elemento fantástico presente en los cuentos de toda la vida, sino de abogar por una mayor realidad en cuanto a la construcción de los personajes y las familias, sensibilizando especialmente sobre el comportamiento no sexista. Cada vez con un mayor catálogo donde elegir cuál es la próxima aventura, la evolución de la literatura infantil ha supuesto una revolución en materia educativa.

Porque ahora, leyendo también se aprende sobre el respeto, la igualdad y la empatía, valores fundamentales para el futuro de todo niño.

[mls_h5]Fotografía de US Department of Education bajo licencia CC BY 2.0[/mls_h5]