Los sistemas educativos de las últimas décadas han mostrado una escasa e irregular adaptación a los contextos sociales en los que vivimos. Ahora, en plena era digital, se hace más evidente que nunca la necesidad de un cambio educativo, un cambio estructural que permita a incorporar las nuevas necesidades a las práctica docentes, especialmente en materia de tecnología. Innovar es saber adaptarse a los cambios; y la revolución tecnológica ya es un hecho innegable.

¿Por qué es necesario innovar en educación?

Hay que ir más allá de las asignaturas y los exámenes. Un niño necesita desarrollar conocimientos clave en todas las materias, es cierto, pero también necesita educarse en otro tipo de campos, destrezas y habilidades que hoy por hoy se escapan del marco institucional del sistema educativo.

Hablamos de la creatividad, el desarrollo de la personalidad, la capacidad de autocrítica; de aprender a ser independientes, de estar preparados para resolver un problema que no sea puramente matemático, aunque las matemáticas jueguen un papel en él. En resumen, es necesario aportar otros valores a los niños, basados en las habilidades emprendedoras y en la inteligencia emocional, para convertirlos en personas capacitadas para afrontar los distintos retos que se encontrarán a lo largo de su vida.

En el post 5 mentiras sobre innovación educativa de Salvador Rodríguez Ojaos se comentan de manera distendida estas cuestiones desde el punto de vista de un educador con espíritu innovador.

“Muchas personas no parecen entender que plantear un enfoque mucho más competencial de la educación en nuestras escuelas no es sinónimo de vaciar de contenidos las enseñanzas escolares. Nada más lejos de la realidad, pues no se puede ser hábil en destrezas y habilidades sino se tienen bien adquiridos los conceptos. El cambio radica en que no se debe llenar de datos la cabeza de nuestros alumnos sin darles a estos un sentido práctico, sin que se entienda su relación con la resolución de situaciones problemáticas”.

¿Cómo innovar en el aula?

Es lógico que las TIC ocupen un lugar preferente en el tren del cambio. No es posible ignorar sus aplicaciones educativas en el aula. A pesar del miedo generalizado existente a que los niños estén en contacto con las nuevas tecnologías desde pequeños, hay que educarles en ellas para evitar que se expongan a ellas sin la debida formación.

Ya son el presente, y estarán rodeados por un gran número de dispositivos conforme crezcan. Lo importante es hacer un uso correcto de la tecnología, siempre controlado por un adulto, ya sea padre o profesor, que guíe al niño de forma responsable hacia un nuevo mundo donde poder ampliar sus conocimientos y adquirir nuevas habilidades.

“La tecnología por sí sola, por desgracia, no funciona en el aprendizaje. Los softwares educativos caros, si no se utilizan correctamente, crean distracciones e interrupciones. Las herramientas tecnológicas y la ciencia del aprendizaje deben ir de la mano”. Criar a los hijos con tecnología, Berlin Fang para Fundación Telefónica.