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Profesores más felices

Date: marzo 23, 2016 Author: thamer Categories: Actualidad, Recursos educativos

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Esta mañana a la vuelta del colegio he oído contar a uno de mis hijos lo bien que lo han pasado en la clase de inglés, a cuenta de la obra de teatro que han hecho. Pero lo que más me ha llamado la atención no ha sido lo que ellos han disfrutado, sino cómo han visto disfrutar a su profesora. Y me ha llamado la atención porque no es frecuente ver a un profesor feliz, y mucho menos, que te lo cuente tu hijo.

Generalmente, el concepto que los alumnos tienen del profesor es de alguien que se debate entre la vida y la muerte para que todos sus alumnos atiendan, y en el mejor de los casos, avancen en la asignatura. Pero rara vez ven a su profesor disfrutar, y mucho menos pasarlo bien con los propios alumnos a cuenta de una clase.

Sé que esto no es un hecho aislado. Pero también sé que, por regla general, los profesores no son todo lo felices que deberían ser. Y esto es algo que nos debería preocupar, ya que de su felicidad depende en gran parte su capacidad para enseñar, que no la de transmitir conocimientos. Necesitamos más profesores felices, y también profesores más felices.

¿Cómo conseguirlo? Hay estudios que relacionan la felicidad del profesorado con el reconocimiento social y su estabilidad económica, hasta el punto de que ven aquí una de las razones para la desmotivación y la queja continua del profesorado español. En concreto, un estudio de la Fundación La Caixa advirtió hace unos años  que en España los profesores sufren “malestar docente y entienden que su trabajo está poco reconocido y sus condiciones laborales no son las ideales, razón por la que, aun siendo de los mejor remunerados de Europa, son los que más se quejan”.

Los docentes de otros países europeos como Holanda, Finlandia, Francia, Inglaterra, Bélgica o Alemania cobran menos y sin embargo no se quejan tanto. Soportan problemas educativos muy parecidos a los nuestros (adaptación entre los sistemas educativos y productivos, incorporación de las tecnologías, inmigración, violencia, etc.), pero se consideran felices porque, según ellos, cuentan con el reconocimiento social a su labor.

A lo mejor en este malestar docente está una de las claves de nuestros abultados índices de fracaso escolar. Yo, por si acaso, lo revisaría. Vaya a ser que haya una extraña relación directa entre la estabilidad emocional del profesor y el éxito académico de los alumnos. Y mientras lo revisamos o no, yo animaría a los profesores a que disfruten con sus alumnos, y también haría todo lo posible por reforzar su autoridad y prestigio. A lo mejor acertamos, y además de mejores alumnos, tenemos profesores más felices.