Método Thamer

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El Método Thamer© es una fórmula pedagógica inédita, resultado de varios años de investigación por parte de pedagogos, profesores y padres, con el objetivo de formar eficazmente las capacidades innovadoras y las habilidades emprendedoras de los niños y adolescentes cuando su actividad neuronal es más intensa, y resulta más natural estimular su innato espíritu creativo y descubridor.

Sus creadores conciben la mentalidad emprendedora como una forma de afrontar la vida, caracterizada por tres elementos básicos: el espíritu de iniciativa, el afán por descubrir y la capacidad para innovar, compuesta a su vez por la suma de esfuerzo, determinación y visión de futuro.

La mentalidad emprendedora, según el Método Thamer©, no es, por tanto, aquella que se dirige exclusivamente a la creación de empresas, sino la que permite un enfoque de la vida y el trabajo desde posiciones de iniciativa y autonomía personales, seguridad y convencimiento en las propias facultades y capacidad para transformar las ideas en actos. Es decir, aquellas personas que, lejos de depender de terceros, están dotadas del suficiente espíritu creativo y empuje personal como para superar las resistencias del ambiente, e incorporar a su entorno los resultados de su innovación.

La mentalidad emprendedora no tiene nada que ver, por tanto, con la del oportunista o el especulador. Ni con la del que solo aspira a resolver su propia vida. Ni con la del que se limita a intentar las cosas. Ni tampoco con la del que aspira a hacer las cosas del modo más fácil posible, ahorrando tiempo y esfuerzos y aspirando al mayor beneficio.

Emprender es, según el Método Thamer©, iniciar. Y el que inicia algo está dotado de todo lo que la iniciativa lleva consigo: creatividad, empuje, esfuerzo, resistencia, determinación y la suficiente visión de futuro para buscar detrás de su esfuerzo los resultados que le ayuden a mejorar su vida, la de su entorno y la de la sociedad en general.

El Método Thamer© entiende la mentalidad emprendedora como una forma de aprendizaje que, independientemente de que culmine en una vocación empresarial, proporciona a sus alumnos las destrezas y habilidades necesarias para una vida plena y satisfactoria en la sociedad, además del refuerzo imprescindible para la adquisición de conocimientos y mejora de resultados académicos.

 

Principales argumentos científicos del Método Thamer©

El Método Thamer© es el resultado de varios años de trabajo e investigación por parte de un grupo de expertos, entre los que destaca el profesor y filósofo Gegorio Luri. Otros estudios y argumentos científicos que se han tenido presentes, son:

Los estudios de James Heckman, que han demostrado la posibilidad y la conveniencia, personal y social, de educar las competencias instrumentales. Junto a Heckman, Rubinstein, Green y Sergio Urzúa han estudiado incluso el retorno económico de una educación preescolar centrada en el desarrollo de estas competencias, demostrando que no hay inversión pública más rentable. Hoy sin embargo un número creciente de economistas, acompañados de sociólogos y psicólogos se dedica al estudio de sus efectos a medio y largo plazo.

El psicólogo cognitivista Daniel T. Willingham ha demostrado que una de las claves del aprendizaje eficiente radica en la capacidad para diferenciar entre la estructura profunda y la estructura superficial de un problema. Se trata de una destreza imprescindible para la resolución de problemas. El principal objetivo de la enseñanza debería ser en su opinión la comprensión de las estructuras profundas de los diferentes tipos de problemas, precisamente porque los niños tienden a memorizar la estructura superficial. Para comprender la diferencia entre una y otra estructura, la intervención del profesor es decisiva. Willingham insiste también en que la mejora de un alumno exige el esfuerzo consciente de éste y los comentarios críticos de los demás.

Arthur Costa y Bena Kallick han desarrollado un ambicioso programa educativo con el nombre de “Habits of mind”. Se basa en una lista de “hábitos mentales” que los profesores han de tener continuamente presentes en sus intervenciones pedagógicas. El Método Thamer© recoge algunos de los hábitos mentales de Costa y Kallick.

“The European Framework” de la Unión Europea recoge un prolijo listado de las competencias que deberían dominar los alumnos en diferentes tipos de aprendizaje con la convicción (que comparte el Método Thamer©) de que el aprendizaje efectivo es indisociable de la modulación de la personalidad del alumno.

La “deliberate practice”. Anders Ericsson, Daniel Coyle, Geoff Colvin y otros psicólogos están promoviendo el “Expert Performance Movement”, un movimiento educativo que ve en la “deliberate practice”, es decir, en la práctica consciente y continuada, la clave de lo que tradicionalmente hemos venido llamado “talento”. Su tesis central es que el ejercicio continuo, sistemático y consciente es mucho más determinante que los genes en la adquisición de destrezas complejas. Todos ellos ponen en cuestión incluso la existencia de algo que pueda llamarse “talento innato”, si por talento innato se entiende una milagrosa capacidad de aprender sin esfuerzo. El talento, en su opinión, está sobrevalorado. Se acostumbra a presentar, en defensa de la importancia de la dotación genética, el caso del joven Mozart. Pero Ericsson observa que Mozart escribió el primer concierto que puede ser considerado una obra de arte cuando tenía 21 años, es decir, cuando ya llevaba 10 años de práctica intensiva. Aquí radica la clave de su éxito, en estos 10 años de “deliberate practice”.

Las Escuelas KIPP (Knowledge Is Power Program), creadas en 1994 a partir del movimiento “Teach for America”. Consideran que las claves del éxito escolar se encuentran en las altas expectativas de los profesores sobre los alumnos, en el establecimiento de metas claras y ambiciosas y en el trabajo intenso del alumno involucrado directamente en su propio progreso. Uno de sus lemas es “there is not shorcourts” para el éxito. Promueven de manera decidida la importancia del trabajo duro para el éxito. Las escuelas KIPP están continuamente evaluando a los alumnos y evaluándose ellas mismas porque creen que la consciencia del progreso ha de ser inmediata. Al mismo tiempo fomentan lo que han dado en llamar “No Excuses Ethos”, lo cual es especialmente digno de mención si consideramos que estas escuelas operan en situaciones de marginalidad social. Contra la cultura de la excusa, que siempre busca alguna razón para justificar un fracaso, fomentan la adquisición de hábitos de comportamiento, principalmente la autodisciplina, demostrando que la buena habituación es esencial para un buen rendimiento escolar. Lo consiguen incluso entre aquellos alumnos que en las escuelas tradicionales son considerados de bajo rendimiento. Otro de sus lemas es “Work Hard Be Nice”. Una pieza esencial de este proyecto es la firma de un contrato de compromiso (“commitment) por parte de padres, profesores y alumnos cuya idea está incorporada, previa adaptación, al Método Thamer©.

El “Efecto Pigmalion”. Decía Goethe que si trata a una persona tal como es, seguirá siendo lo que es, pero si la tratamos como lo que puede llegar a ser, se convertirá en la persona que puede llegar a ser. El psicólogo Robert Rosenthal, un especialista en profecías autocumplidas, le dio la razón al demostrar con qué facilidad se cumplen las expectativas de los profesores sobre sus alumnos. Después de pasar un test de inteligencia en una escuela, dio a cada profesor los nombres de los alumnos con un potencial cognitivo más alto. En realidad, sin embargo, había elegido los nombres al azar, y no se correspondían con los resultados reales. Los niños eran completamente ignorantes de lo que estaba pasando. Al finalizar el curso, Rosenthal pasó un nuevo test y comparó los resultados, comprobando que los alumnos con mejores expectativas eran los que más habían progresado. La conclusión es clara: los niños se vuelven más listos cuando más listos los consideramos. Las razones son las siguientes: los profesores tienden espontáneamente a crear un clima más cálido en torno a los alumnos con más expectativas; son más agradables con ellos tanto verbalmente como con en el lenguaje no verbal; les enseñan más materia; los hacen más preguntas, son más pacientes con sus respuestas e incluso les ayudan a darles forma. Si tenemos presente todo esto podríamos decir que un profesor que admite una respuesta de baja calidad en un alumno, lo que está poniendo de verdad de manifiesto es que no confía mucho. El estudio de Rosenthal, “Pygmalion in the Classroom: Teacher Expectation and Pupil Intellectual Development, fue publicado en 1968, sin embargo seguimos actuando como si no hubiera existido. El Método Thamer© también mantiene un elevado nivel de confianza en sus alumnos.

“Assessment for Learning” es un proyecto educativo que está en marcha actualmente en el Reino Unido y que se propone identificar aquellos elementos del progreso del aprendizaje que permitirán a los alumnos y a sus profesores conocer dónde se encuentran en cada momento en el proceso de su aprendizaje, a dónde deben ir y cuál es la mejor manera de llegar. Para ello fomenta la continua autoevaluación del alumno, al que se le estimula para plantearse preguntas de este tipo: “¿Qué he aprendido?”, “¿Sobre qué se centrará mi actividad de aprendizaje la próxima semana?”, “¿En qué condiciones rindo mejor?”. “¿Qué me parece más difícil?”, etc. Para “Assessment for Learning” las claves de un aprendizaje efectivo son los siguientes:  la posibilidad de establecer procesos efectivos de feedback; la implicación activa de los alumnos en su propio aprendizaje; la evaluación rigurosa de los resultados; la importancia de la automotivación y la autoconfianza de los alumnos, y la capacidad de los alumnos para reflexionar sobre su propio progreso.